El fenómeno meteorológico que menos soporto es el viento. Pero por alguna extraña razón, siempre acaba viviendo en lugares donde lo que predomina es, cómo no, el viento. Hay temporadas más ventosas que otras, pero el otoño es una de ellas. Y aunque todavía queda un mes para que empiece, el clima ya está cambiante. Hoy ha sido un día de esos extraños. En los que el clima parece no saber a qué carta quedarse. Y al mediodía se ha levantado el viento y con una ráfaga de esas extrañas. Por un momento ha parecido que venía un vendaval o se venía una tormenta. Misteriosamente, como ha venido se ha ido.
Han sido esas ráfagas tan violentas y de sopetón las que han hecho que me acordase de este corto. Wind (2012) del alemán Robert Löbel.
Los habitantes de cierta región se han acostumbrado a llevar una vida normal a pesar del viento huracanado que sopla constantemente. Sin embargo, de repente ese viento se para.
Es curioso la manera en la que nos acostumbramos a algo en la vida. Hay cosas que nos son tan habituales que no le damos importancia alguna. Es tan normal en nuestra vida, que hasta pasa desapercibido. Sin embargo, cuando desaparece es cuando nos damos cuenta de cuán normal e importante era en nuestra vida. Para los extraños seres del corto, su vida gira en torno al viento. Es tan normal en ellos que se han acostumbrado tanto a él que su forma de vida es consecuencia del mismo. Cuando se para el viento, aunque sea un instante, su vida se transforma. Su modus operandi no les sirve. Necesitan el viento. Lo necesitan tanto, que ese viento huracanado tiene que estar presente, aunque sea artificial.
Y eso me deja pensando… ¿Cuántas cosas tenemos tan normalizadas que las necesitamos aunque sean artificiales? ¿Somos conscientes acaso de su importancia en nuestras vidas?



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