En esta ocasión os voy a comentar sobre uno de los mejores cortometrajes de animación que conozco. Si no el mejor, sin duda alguna es uno de los más entrañables. Una historia sencilla, tierna y conmovedora a partes iguales. Se trata de El hombre que plantaba árboles (L’homme qui plantait des arbres) de Frédéric Back. Filme que ganó el Óscar al mejor cortometraje de animación en 1987. Adaptación del cuento homónimo de Jean Giono.

En El hombre que plantaba árboles, un excursionista anónimo nos narra un relato que comienza en 1910, durante una excursión en solitario a través de la Provenza en los Alpes franceses. Una excursión que se convierte en una ardua tarea debido al paraje desolado que atraviesa, sin agua y con vientos que azotan sin piedad, hasta que conoce a un misterioso pastor.

El cómo sigue la historia y los acontecimientos que ocurren en los años posteriores es mejor que lo descubráis vosotros mismos.

Por si fuera poco, tiene un excelente doblaje al castellano.

Opinión

Este cortometraje es sin duda, una prueba indiscutible del poder de la narrativa. Con un estilo de dibujo sencillo que se asemeja más a bosquejos que a otra cosa, El hombre que plantaba árboles, consigue fascinarnos con una historia enternecedora. Me parece magistral la forma en la que está llevado a cabo. A pesar de ser una historia bastante discursiva, el guión está tan cuidado que no desperdicia ni una palabra; consiguiendo que los 30 minutos que dura sean una maravilla de principio a fin.

En realidad, me cuesta escoger las palabras para transmitiros lo que siento por este corto. Al igual que el narrador anónimo siente infinito respeto y admiración por Eleazar Bouffier; yo lo siento por esta joya animada. La magnificencia de la trama me conmueve hasta límites insospechados. La historia en sí es tan humana y sin embargo, tan infrecuente, que asombra. El cómo la tenacidad de un sólo ser puede crear tantas maravillas. La manera de mostrarnos cómo las aleatoriedades del destino consiguen que nos paremos y descubramos cosas que nos marcarán para siempre y que, en otras circunstancias, hubiéramos pasado de largo.

También me quedo prendada de la simplicidad de la amistad creada entre el narrador y el pastor. Aunque más que amistad, creo que es una afinidad digna de elogio. Una afinidad que traspasa los límites de la lógica. Esa afinidad invisible que une a dos personas como por arte de magia. Invisible, invariable e indestructible. A los dos personajes apenas les hace falta hablar, simplemente comprender, admitir y empatizar con la tarea del otro.

En definitiva, cada vez que me preguntan o me vienen a la mente mis animaciones favoritas, El hombre que plantaba árboles siempre aparece en los primeros puestos.

¿Ficción o realidad?

Parece ser que todos, tras el visionado o tras la lectura del cuento, nos hacemos la misma pregunta. ¿Existió Bouffier en realidad? ¿Está la historia basada en hechos reales? Pues lamentablemente no. Al menos así lo dejó el autor en una carta en respuesta a alguien que le hacía estas mismas preguntas. Muchos creyeron que la historia era hasta autobiográfica al deducir que el mismo Giono era el narrador, pues su historia personal coincide en parte con las narradas (p.ej. Giono también combatió durante la Gran Guerra). Y aunque niegue la veracidad de los hechos, hay que tener en cuenta un par de cosas: Giono distribuyó de manera gratuita su relato, el cual fue un éxito y a pesar de que no ganaba nada por ello, era uno de sus textos por los que más orgulloso se sentía. Lo cual hace pensar que al igual que Bouffier plantaba árboles de manera altruista, Giono repartió su generosidad con su cuento.

Aunque la historia de Bouffier sea ficticia, existen casos parecidos reales. Tenemos a John Chapman, cuya historia es bastante similar. Historia que ya comentaré en otra ocasión, pues Disney hizo su propia adaptación de este hombre-leyenda en el corto de La leyenda de Juanito Manzanas, incluido en el largometraje Tiempo de melodía. Y también tenemos a otro caso, más reciente y más documentado: el del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Salgado y su señora, consiguieron con mucho trabajo y esfuerzo, recuperar un espacio natural que hace 20 años se le daba por perdido.

Lo que demuestra que el relato de Giono no era simple imaginación idealizada. Con tesón y un propósito se puede conseguir lo imposible. Incluso volver los páramos en zonas llenas de vida.

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