Cada vez que me preguntan cuál es mi cortometraje favorito, me quedo un rato pensando… pero al final siempre digo: More de Mark Osborne. No es el más alegre, ni el más bonito a nivel visual. Pero sin duda alguna es que más me ha marcado. Me sigue asombrando lo actual que es, pese que han pasado casi treinta años desde su estreno. Creo que es de los cortometrajes que más han sabido representar la obsesión con buscar la felicidad y captar la psicología humana respecto a la falsa idea de lo de fuera es lo que necesitamos.
Antes de meternos en materia, me gustaría comentar datos algo más técnicos. More es un cortometraje de estilo claymation creado en 1998 (nominado al Óscar ese mismo año) por Mark Osborne. Osborne es más conocido por ser el director de películas como Kung Fu Panda (2008) o El Principito (2015). Aunque desde mi punto de vista, éste es su mejor trabajo.
Técnicamente el cortometraje está hecho a las mil maravillas. Puede que el muñecote no guste en diseño, pero todo está perfectamente cuidado. La dirección me parece brillante: el cómo nos cuenta la historia, los planos usados… ¡Y la música! Cuesta creer que la música no se hiciese para el corto o viceversa, de lo bien que encaja. Y es que Elegia de New Order, encaja a la perfección desde el primer acorde hasta el último.

More nos narra la historia de un ente que vive en un mundo gris y monótono. Su vida es igual de monótona que el mundo en el que vive, pero quiere inventar algo que cambie el mundo.
Aviso al lector de que More es de todo menos alegre, aunque misteriosamente la trama del corto no sea otra que la búsqueda de la felicidad. Ironías de la vida, que las llaman.
More es otro de esos cortos que en menos de 10 minutos es capaz de contarnos una historia, ofrecernos un mensaje profundo y tocarnos la fibra sensible. No sé cómo lo hacen, pero este tipo de cortos me fascina. Y no sólo me refiero a lo bien que encaja todo, sino a la historia en sí, al mensaje que trasmite. A veces… me identifico tanto con este corto que me es imposible no amarlo.
El protagonista sueña con un mundo feliz, lleno de color. Un sueño que contrasta con su vida y con el mundo en el que vive, monótono y gris. Irónicamente no es el único que busca la felicidad en ese mundo, pues la empresa en la que trabaja como montador se dedica a crear inventos que emulan la felicidad. Pero nuestro protagonista busca más. A pesar de su frustrada vida, no se rinde y sigue soñando todas las noches en esos niños jugando alegremente en un gira-gira con lucecitas de colores. Por eso, su alma de inventor intenta crear el invento definitivo de la felicidad. A priori no consigue que su invento funcione como esperaba, hasta que se da cuenta, de que esas «luces» que tiene dentro son la clave. Cuando fusiona sus «luces» con su invento, todo se vuelve maravilloso: un mundo lleno de color, alegre y desenfrenado. Para mayor felicidad su invento lo catapulta a la fama, consigue hacerse hasta el presidente de la empresa que tiempo atrás había sido un mero peón. Pero una vez en la cima… todo cambia. En teoría debería ser feliz, lo ha conseguido todo: fama, fortuna, status, su invento de felicidad… pero se siente más vacío que nunca. Puede que se haya dado cuenta, como ya se percató uno de sus empleados, que su invento sólo emula la felicidad. El mundo sigue siendo igual de gris y monótono. ¿O no? Un fugaz destello por la ventana llama su atención y entonces lo ve: su sueño; unos niños jugando en un gira-gira.
En ese preciso instante, en ese final, es cuando te das cuenta de todo. El sueño del protagonista no era un sueño, pero a la vez sí lo era. En su sueño veía niños grises con destellos de colores, pero la realidad es distinta, son niños de colores y los destellos no son más que el reflejo que emiten gracias a un cristal en mitad del gira-gira.
¿Tiene importancia este final? ¿Esta diferencia entre sueño y realidad es tan importante en la trama? Sí, lo es. Si nos paramos a analizar el mensaje del corto, a simple vista parece claro: la búsqueda de la felicidad. Pero personalmente creo que eso es sólo la superficie, la punta del iceberg. Para muchos las «luces internas» del protagonista es una metáfora del espíritu creativo del personaje, de sus sueños y esperanzas hechos sustancia tangible. Yo creo que es algo más. No niego que pueda significar eso, pero al ver ese final, me viene a la mente otra cosa más. Al final vemos, que los niños son de colores, pero los adultos son grises. ¿Mera estética? Lo dudo muchísimo.
Creo que More, no sólo es la búsqueda de la felicidad, sino una oda a la infancia. La felicidad causada por la inocencia de la infancia es una de las más puras que existen. Ningún niño busca la felicidad como tal, la tiene, es feliz con lo que tiene y no busca más (more). Es cuando crecemos cuando ese afán nos obsesiona, a veces, tanto que perdemos el interés por todo lo demás. Y esa búsqueda incansable muchas veces nos ciega a ver que la felicidad sigue estando ahí, en cualquier parte, incluso en cosas tan absurdas como dar vueltas en un gira-gira. ¿Qué ocurre cuando todo pierde interés? Se vuelve monótono y aburrido. Se vuelve gris. Gris como los personajes y el mundo de More. Todo esto me lleva a pensar que las luces tangibles del prota representan esa inocencia y felicidad en estado puro de los niños. Como dirían muchos «el niño que llevamos dentro». Pero que tristemente, todos vamos perdiendo con los años, básicamente porque nos empeñamos en buscar esa felicidad donde sea, de querer más y más y cada vez más, de lo que sea. Y cada vez que queremos más, nos volvemos más grises.
O tal vez tenga una interpretación más consumista. Pensamos que las cosas materiales nos darán la felicidad. El famoso mantra de muchos: «cuando tenga tal cosa, seré feliz» o «no soy feliz porque me falta tal». Pocas veces nos paramos a pensar que si no eres feliz con lo que tienes dentro; con eso que nadie te puede quitar… Da igual las cosas que tengas por fuera. Siempre sentirás que no tienes suficiente.
Al final, todo se reduce a lo mismo: hay que buscar la felicidad en uno mismo. Ya sea recuperando la esencia que tenías y que te hicieron perder, o siendo conscientes de que la felicidad no se puede comprar ni crear artificialmente. Porque si no, sólo tendrás una felicidad falsa.



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