Por fin ha llegado la primavera. La primavera del buen tiempo. Porque es una estación loca y puede ser una prolongación del invierno o un preámbulo del verano. Sea como sea, estamos en temporada de cultivos. Aunque en realidad haya cultivos para todas las estaciones, es ahora en primavera cuando la cosa se pone seria. Hay más horas de sol, las temperaturas son más suaves que en invierno y sigue habiendo alguna lluvia ocasional. Son las condiciones idóneas para trabajar en el huerto. Y es por eso que me he acordado de este cortometraje: La mandrágora (The mandrake, 2020). Un cortometraje dirigido por el animador y visual developer, Quincy Baltes.

Herman es un granjero solitario que cuida de su huerto de hortalizas. Un día, recibe la visita de una bruja que le encarga que plante y cuide un tipo de cultivo a cambio de un montón de dinero. El granjero acepta ese extraño encargo.

Ojalá se hiciesen más cortos así. Y no sólo lo digo por la temática. Sino por el apartado visual. Me encanta el trazo simple, pero muy bien animado. Con unas escenas, diseños y tonos suaves que parecen sacados de un cuento. Porque cada vez que veo un corto con estas características sé que voy a ver una historia entrañable.

—A partir de aquí, el texto contiene spoilers.—

El trabajo de campo a veces un tanto ingrato. El pobre Herman debía estar en apuros cuando aceptó el encargo. Porque de otra manera no me explico cómo acepta cuidar de una ¿semilla, conjuro semilla? de una bruja. Encima de una bruja que marchita plantas a su paso.

Pero de esa maceta germina una mandrágora. Y el pobre granjero acepta su nuevo rol de papá de una planta y decide cuidar a ese niño llorón. Y a pesar de todas las dificultades que conlleva trabajar en un huerto y criar a un niño pequeño, mitad planta; Herman sigue adelante. Al final se encariña con la criaturita y decide quedársela, aunque a la bruja no le hace ni pizca de gracia.

El secreto de un huerto próspero: dedicación y cariño

Veo este corto y me acuerdo de mi hermana. Cuando manda mensajes con una foto de sus lechugas o cualquier hortaliza de turno con la nota de: Mis hijas.

Yo también tengo un mini-huerto y sé cuánta dedicación le puedes dedicar a las plantas y cuán orgullosa te puedes sentir al ver que tu huerto prospera. Pero no creo que haya llegado al punto de querer adoptar a mis tomateras. Quizá, si algún día tengo una granja de animales, a lo mejor me da por adoptar a las ovejas o a los lechones.

Pero es por eso mismo que comprendo el mensaje de este corto. Al menos para mí, La mandrágora, aunque se presente en un contexto fantasioso, es una oda a la pasión de cultivar.

P. D.: Para los que os gusten los «cómo se hizo» o el mundo del concept art, aquí tenéis la página oficial del cortometraje donde podéis ver algunos concepts: página oficial The mandrake.

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